NIÑOS
Mi hijo no se queda quieto en clase y se distrae fácilmente: ¿tiene ADD?
El ADD o ADHD se define como un conjunto de síntomas que se pueden manifestar en la atención, en la hiperactividad, en la impulsividad.
Hoy el consultorio se incrementa de padres angustiados que nos consultan para preguntar “qué hacer con su hijo que no puede permanecer quieto, que no presta atención, que molesta a sus compañeros, que tarda una eternidad en hacer los deberes, que se aburre rápidamente de las cosas, que pierde sus útiles, que salta de una actividad a otra, que no puede esperar su turno”. Otros padres llegan ya con un diagnóstico de ADD.
¿Qué es el ADD o ADHD?

El trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad se ha vuelto una gran preocupación para los profesionales que nos ocupamos del desarrollo de los niños y de sus familias. El ADD o ADHD se define como un conjunto de síntomas que se pueden manifestar en la atención, en la hiperactividad, en la impulsividad.

La hiperactividad se define como un exceso de movimiento desorganizado. Los psicoanalistas lo consideramos una señal, un síntoma, que muchas veces no son evidentes y hay que descubrir. Si un niño se mueve en exceso y no puede parar, es un niño que está sufriendo y quiere decirnos algo, pero no todos los niños hiperactivos quieren decir lo mismo desde su desborde. La falta de atención, los problemas para concentrarse, la conducta impulsiva, pueden aparecer por diferentes motivos, y pueden responder a diferentes cuadros clínicos. Las causas que pueden llevar a un niño a no poder quedarse quieto, dependerá de cada niño y de la modalidad de su familia con su historia en particular.
Martín tiene 7 años, los padres me consultan porque a su hijo se lo diagnosticó como Trastorno por Déficit de Atención. El informe escolar que me envía la docente dice: “No presta atención en clase, es impulsivo, no puede permanecer sentado, no copia sus tareas, no respeta las reglas. Martín molesta y distrae a sus compañeros. Necesita a la docente a su lado para resolver alguna actividad”.
La escuela indicó una consulta neurológica, y Martín fue medicado. Se diagnosticó rápidamente, observando sólo los síntomas: “Es ADD”. No se tuvo en cuenta que Martín está expuesto a situaciones familiares complejas, un clima familiar tenso, confuso, han borrado la diferencia generacional, quedando el niño como par de sus padres. El neurólogo respondió a las exigencias de la institución escolar administrándole la “pastilla maravillosa” (RIitalina, Concerta, Rubifen). Etiquetas, rótulos de los cuales es difícil desprenderse y algo que podía estar pasándole a Martín, en ese momento, algo transitorio, lo puede encasillar y eso está lejos de ayudarlo.

Con Martín trabajé el dolor y la angustia que le generaban las escenas violentas entre sus padres: estallidos, peleas, los viajes del padre al exterior, que lo ubicaban a él como el cuidador de su madre. Tal vez no podía atender en la escuela porque estaba “muy atento a lo que pasaba en su casa”. Al tiempo del trabajo con Martín y su familia, fuimos entendiendo qué le estaba pasando; cede la impulsividad y la hiperactividad, está más tranquilo, empieza a estar atento. Trabajé también con los padres y con la institución escolar; se lograron importantes cambios. La maestra empezó a dirigirse a Martín de otra manera, lo mira cuando le habla, lo escucha más, le presta atención. La escuela aceptó adecuar consignas, se lo ayudó a organizar las tareas, subdividiéndolas, las evaluaciones se fragmentaban en varias hojas y se respetó su ritmo de trabajo. Los padres comienzan a contenerse, ceden los desbordes. La medicación fue suspendida.

Entonces, ¿por qué el diagnóstico de ADD?

“Cuestionar el diagnóstico de ADD/ADHD no implica negar la existencia de dificultades en muchos niños en relación con el sostén de la atención durante la situación de aprendizaje, tampoco desconocer que hay niños que se mueven sin metas y que actúan siempre de un modo impulsivo. Aquello que aparece como dificultad plantea dificultades de organización del psiquismo. Prefiero no hablar de ADD o ADHD, sino de diferentes trastornos de la atención o de la motricidad”. (B. Janin)

Cuando se habla de manera general de niños hiperactivos veremos en cada caso a qué nos estamos refiriendo. Lo que aparece muchas veces es la dificultad de regulación familiar. En este momento histórico, uno de los problemas que vemos en el consultorio, es la dificultad del adulto respecto de estas cuestiones.

Entonces, cuando a un niño no se le han puesto los límites que se le tienen que poner, o cuando no duerme las horas que tiene que dormir, o cuando se lo ubica como compañero de la madre ¿qué es lo que pasa? “Se superexcita”.
Es decir, que muchos de los cuadros llamados de Hiperactividad, trastornos de atención, son de Hiperexcitación, porque hay una dificultad con la regulación.

Preocupa mucho la tendencia a medicar indiscriminadamente con Metilfenidato a muchos chicos que no prestan atención y son inquietos. Los efectos adversos de esta medicación son: insomnio, pérdida de peso, disminución del crecimiento, irritabilidad, tics, hipertensión arterial, muerte súbita.
El Dr. Benasayag asegura: “No hay ninguna prueba biológica, ni genética, ni radiológica, ni característica clínica mínima a la que recurrir para confirmar la existencia de esta supuesta enfermedad”. Reveló que en la actualidad a los niños les hacen las 100 preguntas del Test de Conners y con eso ya los medican”
Hoy diagnostican los docentes, los padres, los amigos, los familiares, poniéndole nombre a un malestar, sin pensar el riesgo que esto implica para un niño. “Es un ADHD”, “es un TGD”, etc.

Nuestra sociedad bombardea a los niños con estímulos y los llena de exigencias. Un ritmo veloz que dificulta el encuentro de palabras, de ternura con sus hijos, hay mayor inquietud e impulsividad, que afectaría al desarrollo de los procesos atencionales en la infancia. Además, de las actividades extraescolares (inglés, fútbol, taekwondo, ajedrez), que no les deja tiempo libre para jugar. Por otro lado, los adultos, atrapados en sus propios conflictos cada vez toleran menos que los niños sean niños y esperan que no se muevan, que se queden quietos, que obedezcan, que acepten inmediatamente las órdenes de los grandes, que vayan a bañarse en el preciso momento que se lo piden, que no reclamen. También, los docentes en las escuelas están sujetos a exigencias y presiones; gran número de niños en la clase y apuro de cumplir los objetivos académicos.

Martín es un sujeto que se está formando, está en crecimiento, no tiene su historia cerrada, están todas las posibilidades para que esta familia y este niño puedan construir y armar una historia nueva. En nuestro consultorio, los psicoanalistas que trabajamos con niños ofrecemos pensar qué quiere decir un niño moviéndose; teniendo en cuenta la historia particular de ese niño.
Cuanto más precoz sea la intervención, mayor será la posibilidad de cambiar. Es un derecho de todos los niños y de sus familias el ser escuchados y atendidos en la situación de sufrimiento psíquico.





Lic. Susana Anagazian
Psicóloga - Psicopedagoga
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